Día frio de Noviembre, ni tan solo el traje completo de bombero hacia que
Sergi entrara en calor, un chico de treinta y seis años, de estatura media y
pelo castaño, su cara blanquecina y de piel cansada denotaba directamente el paso
del tiempo y los esfuerzos que tuvo que hacer para entrar en el cuerpo,
mientras el camión aceleraba por las calles , Sergi observando a la gente
caminar recuerda el largo camino y las inclemencias para llegar a vestir esas
ropas y llevar aquel casco, años de estudios, de reglas absurdas de oposiciones
infladas para recaudar más dinero, pero allí estaba, después de tantos años,
sentado en aquel camión, dirigiéndose a su primera misión, dirigiéndose a su
ansiada vocación de ayudar a los demás, de sentirse útil a la sociedad, de
doblegar el hastío y la desesperación de aquellos que están en un problema.
Su compañero conducía con rapidez pero sin poner la sirena, Sergi estaba deseando sentir fluir la adrenalina al verse en medio de cualquier situación en la que siempre imaginó encontrarse cuando en sueños se veía vestido con aquellas ropas, pero le preocupaba que su compañero estuviera tan serio, era Francisco, tenía unos cincuenta años, pelo canoso y piel morena, castigada con alguna que otra cicatriz provocada por el fuego de alguna misión, veterano, sabio en aquel trabajo, el que debía ser su mentor dentro del cuerpo, pero conducía serio y no había querido decirle a Sergi donde iban .
Su compañero conducía con rapidez pero sin poner la sirena, Sergi estaba deseando sentir fluir la adrenalina al verse en medio de cualquier situación en la que siempre imaginó encontrarse cuando en sueños se veía vestido con aquellas ropas, pero le preocupaba que su compañero estuviera tan serio, era Francisco, tenía unos cincuenta años, pelo canoso y piel morena, castigada con alguna que otra cicatriz provocada por el fuego de alguna misión, veterano, sabio en aquel trabajo, el que debía ser su mentor dentro del cuerpo, pero conducía serio y no había querido decirle a Sergi donde iban .
-Paco ¿porque no me dices cual es nuestra misión?
El veterano bombero seguía conduciendo con la mirada fija en la carretera.
-¿Cogiste lo que te pedí?
Sergi asiente con la cabeza.
-Tú haz lo que yo te diga y todo irá bien.
El camión de bomberos llego hasta una esquina donde se podía empezar a
ver a centenares de personas agolpadas
en un portal, algunas con pancartas, jóvenes y mayores, alborotados, el camión
se detuvo al principio de la calle, era tal la multitud que el camión no podía
continuar. Sergi observaba a la gente que gritaba indignada, con pancartas
contra los desahucios, escupía y tiraba cosas contra el camión, miró a su
compañero que se estaba poniendo el casco.
-Coge la cizalla Sergi y vamos allá.
Francisco abrió la puerta del camión y se bajó de él cerrando con un
portazo, que retumbo en los oídos de Sergi como si se cerrara en el interior de
su cabeza, la gente golpeaba el camión con sus manos , uno de ellos pegó una
pegatina en la luna delantera, justo a la altura de la vista de Sergi, “Stop Desahucios”
Ponía, En ese momento supo que iba a ser un día muy duro, abrió la puerta
decidido y se bajó del camión, tenía la impresión de que la gente le iba a
despellejar, pero no fue así, vio a Francisco cerca del portal de una casa
humilde, como todo el barrio, donde más se agolpaba la gente, dos policías
municipales intentaban abrir un camino para que ellos pudieran acceder a la
puerta, Sergi cogió la cizalla de la parte trasera del camión y se dirigió
hacia el portal, a través de la gente que le chillaba y le zarandeaba, al
llegar vio la puerta de la casa, una verja de hierro que daba acceso a un
pequeño pasillo que llevaba a la puerta de la vivienda, tras la verja una mujer
de mediana edad con su marido y dos niños de menos de cinco años, el hombre con
barba de tres días y evidentes ojeras que le sellaban los ojos igual que a su
mujer, despeinada y desencajada. El hombre se mantenía delante de su familia
con un brazo protegiendo lo que más amaba y otro entrelazando la verja por si
la cadena fallaba, sabiendo que si eso ocurría no podría aguantar la fuerza de
los dos agentes que esperaban para desahuciarlos.
-Vamos chico… Gritó Francisco cogiendo con sus manos la cadena.
Sergi se acerco a ella con la cizalla a punto, mirando a aquel hombre a los
ojos, donde una mezcla de odio y desesperación hacían mella en el alma del
novato, se veía que aquel hombre seguro nunca había imaginado estar en aquella
situación, nunca habría imaginado que aquello que veía en la tele desolado,
aquello que le hacía erizar los pelos viendo una película o escuchando una
noticia en la radio iba a estar ocurriéndole a él en ese momento.
Sergi coloco la boca de la cizalla en la cadena, solo era cuestión de
cerrar las manetas y la cadena caería, la débil resistencia de aquella familia
caería, el hogar de una familia sería arrebatado por no pagar, por incumplir
unas reglas abusivas que otros sabían
que no podrían cumplir, por ser víctimas del afamado hambre de poder de algunos
que sin miramientos habían arruinado a toda una población, pero el novato en
ese mismo instante recordó para que quería ser bombero, recordó que su deber
era salvar a las personas, que su vocación era servir a la gente, que su
obligación estaba con sus conciudadanos, no con una institución, no con un
poder político, no con un sistema democrático, solo con eso ,con las personas.
Apartó la cizalla mientras miraba a los ojos a aquel hombre que no se creía lo
que veía, descanso aquella herramienta en su hombro.
-Tú eres por quien soy Bombero, no es mi trabajo arrebatarte tu hogar.
Se giró y comenzó a andar hacia el camión, no se oían gritos , nadie
escupía ni zarandeaba, todos lo miraban anonadados, un hombre empezó a
aplaudir, eso hizo despertar a los demás dándose cuenta de lo que allí acababa
de ocurrir, Sergi llegó al camión y después de guardar la Cizalla, se quitó el
casco, abrió la puerta del camión y se sentó en su sitio, con lágrimas en los
ojos, mientras que decenas de personas le vitoreaban, él pensó en su esfuerzo
para llegar allí, para ser Bombero.
Aquel día, un camión de bomberos llegó a una humilde casa para romper las
cadenas que la mantenían aferrada a la familia que la habitaba, a la familia
que allí se cobijaba, cientos de personas vieron a un chico con una cizalla
llegar a ese portal, y observaron que lo que había llegado como un novato a
aquel lugar, se había convertido ante sus ojos en un Bombero.

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