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jueves, 1 de diciembre de 2016


Porque no sabemos nada y creemos saberlo todo, tras miles de años creemos en el azar, en la suerte, pero nos olvidamos que el destino puede que sea más caprichoso de lo que pensamos, puede que dos almas estén destinadas una y otra vez a conocerse, destinadas una y otra vez  a encontrarse, y puede, solo puede que el destino crea que en un momento de la existencia deban amarse...Quizá …
 
El joven camina entre los escombros, la guerra ha dejado el país en la ruina, las calles solo son cementerios de ladrillos y gentes sin hogar vagando por la calle ayudando y siendo ayudados, demasiados bombardeos, demasiado odio escupido por aviones a gran altura, demasiado sufrimiento por la locura de algunos con sed de poder y nula empatía humana.
El chico se detiene en lo que era una esquina, lleva la misma ropa desde hace semanas, está sucio y mal oliente, en un instante queda petrificado, al final de la calle observa a alguien, una chica, es alta y delgada, lleva un pañuelo en la cabeza, pero su larga cabellera rubia ondea al viento por detrás , está ayudando a un hombre que esta tendido en el suelo, el chico se acerca lentamente a ella, esta helado, sin saber porqué no puede dejar de mirarla, la chica se percata de que el chico se acerca y lo mira, él no puede continuar y se detiene pues dos maravillas color esmeralda lo están mirando, traga saliva y camina hacia ella, que al verle titubear sonríe, algo que se convierte en un cuchillo abriendo en canal el pecho del chico que casi no puede respirar, ella levanta su mano y le saluda, justo en el momento que el edificio que tiene al lado empieza a rugir, se desquebraja lo poco que queda de él, y uno de los muros que aun están de pié parece que va a caer sobre la chica.
Algo activa el alma del muchacho, algo que hace que su pulso se acelere, que hace que bombee su corazón más rápido para llevar sangre a sus músculos, y en unos segundos está corriendo como alma que lleva el diablo, sin pensar, insensato, descabezado, solo sintiendo el dolor del muro cayendo sobre la chica, solo oyendo los últimos latidos de su corazón, solo notando el último suspiro en su cara, no la conoce, no puede estar enamorado ,no es racional, pero lo cierto es que moriría por ella.
 Llega hasta la chica y se tira sobre ella, el muro cae con mucha fuerza destruyéndose en el suelo, todo es polvo y cemento, tras unos segundos varios vecinos del lugar llegan pues han visto la escena:”Un loco se ha tirado bajo un muro, un loco”.
El polvo lo ciega todo, el chico no nota nada, ni dolor, ni frio ni calor, solo una suave caricia en la cara, está boca abajo con parte del muro en su espalda, a poca distancia la chica esta mirándole, clavando sus maravillosos ojos verdes en los del chico, este le sonríe pero casi no puede hablar, observa que una parte del muro la tiene prisionera por las piernas, -quizá las tenga rotas – piensa mientras poco a poco nota que la vida se le escapa, ella vuelve a acariciarle la cara y con mucho esfuerzo y dolor acerca su cara hacia él, busca con sus labios los del chico y lo besa con fuerza, devolviendo con amor un gesto que jamás olvidará, sellando un amor que ni siquiera llegó a florecer pero que sin saber porqué ,en ese momento, supieron que sin duda hubiera florecido.
El túnel largo y oscuro, la luz al final, el viaje solitario de vuelta a otro lugar.

ULTIMO SUSPIRO


Porque no sabemos nada y creemos saberlo todo, tras miles de años creemos en el azar, en la suerte, pero nos olvidamos que el destino puede que sea más caprichoso de lo que pensamos, puede que dos almas estén destinadas una y otra vez a conocerse, destinadas una y otra vez  a encontrarse, y puede, solo puede que el destino crea que en un momento de la existencia deban amarse...Quizá …
 
El joven camina entre los escombros, la guerra ha dejado el país en la ruina, las calles solo son cementerios de ladrillos y gentes sin hogar vagando por la calle ayudando y siendo ayudados, demasiados bombardeos, demasiado odio escupido por aviones a gran altura, demasiado sufrimiento por la locura de algunos con sed de poder y nula empatía humana.
El chico se detiene en lo que era una esquina, lleva la misma ropa desde hace semanas, está sucio y mal oliente, en un instante queda petrificado, al final de la calle observa a alguien, una chica, es alta y delgada, lleva un pañuelo en la cabeza, pero su larga cabellera rubia ondea al viento por detrás , está ayudando a un hombre que esta tendido en el suelo, el chico se acerca lentamente a ella, esta helado, sin saber porqué no puede dejar de mirarla, la chica se percata de que el chico se acerca y lo mira, él no puede continuar y se detiene pues dos maravillas color esmeralda lo están mirando, traga saliva y camina hacia ella, que al verle titubear sonríe, algo que se convierte en un cuchillo abriendo en canal el pecho del chico que casi no puede respirar, ella levanta su mano y le saluda, justo en el momento que el edificio que tiene al lado empieza a rugir, se desquebraja lo poco que queda de él, y uno de los muros que aun están de pié parece que va a caer sobre la chica.
Algo activa el alma del muchacho, algo que hace que su pulso se acelere, que hace que bombee su corazón más rápido para llevar sangre a sus músculos, y en unos segundos está corriendo como alma que lleva el diablo, sin pensar, insensato, descabezado, solo sintiendo el dolor del muro cayendo sobre la chica, solo oyendo los últimos latidos de su corazón, solo notando el último suspiro en su cara, no la conoce, no puede estar enamorado ,no es racional, pero lo cierto es que moriría por ella.
 Llega hasta la chica y se tira sobre ella, el muro cae con mucha fuerza destruyéndose en el suelo, todo es polvo y cemento, tras unos segundos varios vecinos del lugar llegan pues han visto la escena:”Un loco se ha tirado bajo un muro, un loco”.
El polvo lo ciega todo, el chico no nota nada, ni dolor, ni frio ni calor, solo una suave caricia en la cara, está boca abajo con parte del muro en su espalda, a poca distancia la chica esta mirándole, clavando sus maravillosos ojos verdes en los del chico, este le sonríe pero casi no puede hablar, observa que una parte del muro la tiene prisionera por las piernas, -quizá las tenga rotas – piensa mientras poco a poco nota que la vida se le escapa, ella vuelve a acariciarle la cara y con mucho esfuerzo y dolor acerca su cara hacia él, busca con sus labios los del chico y lo besa con fuerza, devolviendo con amor un gesto que jamás olvidará, sellando un amor que ni siquiera llegó a florecer pero que sin saber porqué ,en ese momento, supieron que sin duda hubiera florecido.
El túnel largo y oscuro, la luz al final, el viaje solitario de vuelta a otro lugar.

El beso.




 
Mantiene su mirada fija en ella, tras las cortinas, sin casi respirar, aguantando el ritmo de su corazón como el jinete que intenta retener a su caballo desbocado.

Estirada en el suelo, encadenada por el pie, con sus alas atadas a la espalda, semanas hace que el soldado la observa, debe vigilarla, un ser divino apresado por las sucias manos de los hombres, un Ángel volador al que ahora se le prohíbe volar, surcar los infinitos confines del cielo.

Recorre con su mirada cada rincón de su cuerpo, esbelta y delgada, de pelos dorados que iluminan  la estancia a pesar de que la luz es tenue, pero quizá ninguna de estas nimiedades son las que tienen al soldado en un ensimismamiento perpetuo desde que la vio por primera vez, es su cara lo que hace que su corazón se acelere, perfecta, perfila  la oscuridad como un cuchillo de luz ,su boca desafia a la palabra dulzura, con labios carnosos y rosados ,pasionales, y los ojos, verdes que a pesar de su belleza ya natural son avivados aun mas por la fuerza que emanan, desafiantes a la vez de cándidos.

Nada desearía mas en el mundo el soldado que esos ojos lo miraran con ternura, nada desearía más que un instante rozando su mano en la fina piel de su cara, y arrancar un suave beso de sus labios, lentamente, despreciando al tiempo, olvidando las diferencias entre sus propias naturalezas, entregando su corazón y su alma, sin mesura, sin ataduras.

El soldado saca su daga y sale de su escondite con paso firme, hacia el Ángel que al verle se pone de pié, asustada, mirando al soldado con mezcla de miedo y sorpresa, este se detiene un segundo para mirar una vez más aquellos ojos, no soporta verla allí encadenada, no soporta que su alma se consuma entre la podredumbre humana, porque su vida vale mucho mas, le ordena darse la vuelta, tiene que decírselo dos veces pues a las palabras les cuesta coger forma cuando el pecho esta oprimido por la impresión de ver a alguien tan bello, con su daga corta las cuerdas que atan las alas del Ángel, y rompe las cadenas que la tienen prisionera, el Ángel sin mediar palabra alza el vuelo, recorriendo la sala con júbilo desmedido, siente el aire entre sus alas y se sabe libre, pero antes de salir de la estancia baja de nuevo ante el soldado, con una sonrisa que acaricia su corazón y aprisiona aun mas su alma, acerca su boca poco a poco a la del soldado que ve la cara de su Ángel tan cerca que no puede más que cerrar sus ojos cegado por tanta belleza, poco a poco siente la carne suave y dulce de sus labios y una leve presión ,que hace que sienta que ve estrellas en sus parpados , no quiere moverse, no quiere hacer nada, solo quiere que todo se detenga, que la tierra deje de girar, que la vida se quede instalada perpetuamente en aquel momento como si de una fotografía se tratara, prisioneros eternos de un beso sincero.

Pero el tiempo no se detuvo, antes de que abriera los ojos el angel había desaparecido, el soldado miro el cielo a través del agujero que había hecho al escapar y se sintió afortunado, sabía que le había besado por gratitud, pero también que el no olvidaría que un día beso a un Ángel.

EL ALMA FUNDIDA




Es la noche la que te envuelve en su manto de incertidumbre, te dejas llevar por la música, sientes cada nota recorrer tu cuerpo y el alcohol hervir en tu sangre enloqueciendo tu mente inhibiendo de vergüenza tu persona.

Bailas, te mueves entonando con tu cuerpo las notas de la canción, envolviendo con miradas a alguien que parece observarte, pero nada pasa, nada te hace salir del ensimismamiento en el que te encuentras, te agotas, los músculos se entumecen y necesitas parar, te acercas a la barra y pides combustible para el alma, debes adormilar aun más el conocimiento y potenciar la lujuria del movimiento.

Es entonces cuando en un barrido de miradas conectas, dos ojos al final de la barra, dos luceros en la noche más oscura, atrapan tu alma como el arpón del pescador clavándose en el lomo de la ballena, sin saber porque quedas hechizado, el alcohol se disipa, pierdes toda la lujuria del baile en un instante, ya no hay vuelta atrás, decides acercarte a aquella persona que intenta no mirar envolviendo su cuerpo en la invisibilidad imposible del que está rodeado de gente.

Llegas a su altura y buscas palabras coherentes, pero solo balbuceas, mascas palabras en tu boca buscando respuesta a una pregunta que aun no sabes, ¿por qué tú? Ella piensa lo mismo pero no sabe tampoco que decir, porqué el sentirte cerca la hace temblar, porque de pronto las luces parecen apuntar hacia ti, porque no puede apartar la mirada de tus ojos, porque su corazón se acelera sin sentido, sin conocerte, sin ni siquiera saber tu nombre.

Te presentas y le das dos besos, sientes su dulce piel en tus labios y el cosquilleo parece recorrer tu cuerpo hasta la punta de los pies, sientes que la conoces antes de que su nombre llegue a tu cerebro,  y una estúpida sonrisa queda instalada en tus labios.

Ella busca una copa para beber, da igual que sea la suya o no, es demasiada tensión, es cuando el miedo empieza a instalarse en su cerebro, un pensamiento fugaz e instantáneo le recorre  y hace palpitar su corazón, desea besarte, siente entonces encaminarse una idea directa del cerebro al corazón, un pensamiento homicida, un pensamiento de razón, no lo conoces, no es tu tipo, es moreno, no me gusta su camisa, su mirada se apaga poco a poco y una sonrisa de prepotencia, de la que es adulada, surge de sus labios.

Lo notas, notas que la pierdes, la conexión se deshace como un terrón de azúcar en los labios, es cuando la música vuelve a tu rescate, una canción lenta hace que las luces cambien de velocidad, es el momento de la verdad, de anular la razón de una vez por todas, arropas su cintura con tus brazos, sientes que su mirada vuelve a iluminarse al sentir tu pecho palpitar entre sus costillas, la coges con delicadeza , solo con la fuerza necesaria para que sienta el fluir de tu sangre por las venas, es cuando se produce, una fusión perfecta, como si la sangre fluyera a la misma velocidad, hacia la misma dirección, hacia un mismo corazón, una fusión que solo se siente en contadas ocasiones, solo en los cuerpos y las almas compatibles, en las destinadas a encontrarse, a fusionarse, la razón queda apartada en un rincón de la barra mientras los cuerpos unidos acarician la música con movimientos suaves, tranquilos, no sea que cualquier aspaviento involuntario les despierte y les haga regresar del cielo, vuelves a atravesar su alma con una mirada y sientes que ella hace lo mismo, acercas tus labios con lentitud, con mezcla de miedo a lo desconocido, a lo ilógico, como saltar al vacío sin saber donde caerás, rozas sus labios y todo parece pararse, el tiempo, la gente, la música, solo aprietas tu boca con la suya  y dejas fluir tu alma a través de ella, entremezclarse con la suya, tiemblas y la sientes temblar, os miran, se ríen….Que importa cuando algo más profundo os ha llevado a otra realidad sin porqués sin cómos , sin razón.

Despegas los labios de los suyos al volver la música estridente, os miráis y os dais cuenta que apenas recordáis cual es el nombre del otro, la realidad os despega, amigos, estridencias, fiesta, primero el cuerpo, luego las manos y finalmente la mirada, la pierdes entre el jolgorio de la gente, y sientes que se ha ido, la razón vuelve a ti y te susurra que solo ha sido pasajero, una locura de alcohol, que la fiesta te llama, que estás bien como estas…pero es demasiado tarde pues tu alma quiere más…Y la buscas, entre mujeres de cuerpos despampanantes, de miradas que buscan la tuya, pero ya no pueden entrar, tu mirada tiene dueña y buscas volver a sentirla, la encuentras a punto de irse, no hace falta hablar, te duele el corazón de verla partir, ella te mira con sorpresa pues la razón la ha convencido de que no quieres mas, se le ilumina la cara, se acerca a ti y dándote algo en la mano te vuelve a besar suavemente, como alguien que siempre lo hubiera hecho, y se va, dejándote con los ojos cerrados y los labios en carne viva, la ves marchar con una sonrisa, miras tu mano y ves que te ha dejado un papel con su teléfono, un hilo que te llevara directo a su corazón, y juras que la razón no te parara en tu camino hacia ella, pues el sentir es puro y limpio y el tiempo es muy escaso…

Iván Pérez Raya.