Es la noche la que te envuelve en su manto de
incertidumbre, te dejas llevar por la música, sientes cada nota recorrer tu
cuerpo y el alcohol hervir en tu sangre enloqueciendo tu mente inhibiendo de
vergüenza tu persona.
Bailas, te mueves entonando con tu cuerpo las notas
de la canción, envolviendo con miradas a alguien que parece observarte, pero
nada pasa, nada te hace salir del ensimismamiento en el que te encuentras, te
agotas, los músculos se entumecen y necesitas parar, te acercas a la barra y
pides combustible para el alma, debes adormilar aun más el conocimiento y
potenciar la lujuria del movimiento.
Es entonces cuando en un barrido de miradas
conectas, dos ojos al final de la barra, dos luceros en la noche más oscura,
atrapan tu alma como el arpón del pescador clavándose en el lomo de la ballena,
sin saber porque quedas hechizado, el alcohol se disipa, pierdes toda la
lujuria del baile en un instante, ya no hay vuelta atrás, decides acercarte a
aquella persona que intenta no mirar envolviendo su cuerpo en la invisibilidad
imposible del que está rodeado de gente.
Llegas a su altura y buscas palabras coherentes, pero
solo balbuceas, mascas palabras en tu boca buscando respuesta a una pregunta
que aun no sabes, ¿por qué tú? Ella piensa lo mismo pero no sabe tampoco que
decir, porqué el sentirte cerca la hace temblar, porque de pronto las luces
parecen apuntar hacia ti, porque no puede apartar la mirada de tus ojos, porque
su corazón se acelera sin sentido, sin conocerte, sin ni siquiera saber tu
nombre.
Te presentas y le das dos besos, sientes su dulce
piel en tus labios y el cosquilleo parece recorrer tu cuerpo hasta la punta de
los pies, sientes que la conoces antes de que su nombre llegue a tu cerebro, y una estúpida sonrisa queda instalada en tus
labios.
Ella busca una copa para beber, da igual que sea la
suya o no, es demasiada tensión, es cuando el miedo empieza a instalarse en su
cerebro, un pensamiento fugaz e instantáneo le recorre y hace palpitar su corazón, desea besarte,
siente entonces encaminarse una idea directa del cerebro al corazón, un
pensamiento homicida, un pensamiento de razón, no lo conoces, no es tu tipo, es
moreno, no me gusta su camisa, su mirada se apaga poco a poco y una sonrisa de
prepotencia, de la que es adulada, surge de sus labios.
Lo notas, notas que la pierdes, la conexión se
deshace como un terrón de azúcar en los labios, es cuando la música vuelve a tu
rescate, una canción lenta hace que las luces cambien de velocidad, es el
momento de la verdad, de anular la razón de una vez por todas, arropas su
cintura con tus brazos, sientes que su mirada vuelve a iluminarse al sentir tu
pecho palpitar entre sus costillas, la coges con delicadeza , solo con la
fuerza necesaria para que sienta el fluir de tu sangre por las venas, es cuando
se produce, una fusión perfecta, como si la sangre fluyera a la misma
velocidad, hacia la misma dirección, hacia un mismo corazón, una fusión que
solo se siente en contadas ocasiones, solo en los cuerpos y las almas
compatibles, en las destinadas a encontrarse, a fusionarse, la razón queda
apartada en un rincón de la barra mientras los cuerpos unidos acarician la
música con movimientos suaves, tranquilos, no sea que cualquier aspaviento
involuntario les despierte y les haga regresar del cielo, vuelves a atravesar
su alma con una mirada y sientes que ella hace lo mismo, acercas tus labios con
lentitud, con mezcla de miedo a lo desconocido, a lo ilógico, como saltar al
vacío sin saber donde caerás, rozas sus labios y todo parece pararse, el
tiempo, la gente, la música, solo aprietas tu boca con la suya y dejas fluir tu alma a través de ella,
entremezclarse con la suya, tiemblas y la sientes temblar, os miran, se
ríen….Que importa cuando algo más profundo os ha llevado a otra realidad sin
porqués sin cómos , sin razón.
Despegas los labios de los suyos al volver la música
estridente, os miráis y os dais cuenta que apenas recordáis cual es el nombre
del otro, la realidad os despega, amigos, estridencias, fiesta, primero el
cuerpo, luego las manos y finalmente la mirada, la pierdes entre el jolgorio de
la gente, y sientes que se ha ido, la razón vuelve a ti y te susurra que solo
ha sido pasajero, una locura de alcohol, que la fiesta te llama, que estás bien
como estas…pero es demasiado tarde pues tu alma quiere más…Y la buscas, entre
mujeres de cuerpos despampanantes, de miradas que buscan la tuya, pero ya no
pueden entrar, tu mirada tiene dueña y buscas volver a sentirla, la encuentras
a punto de irse, no hace falta hablar, te duele el corazón de verla partir,
ella te mira con sorpresa pues la razón la ha convencido de que no quieres mas,
se le ilumina la cara, se acerca a ti y dándote algo en la mano te vuelve a
besar suavemente, como alguien que siempre lo hubiera hecho, y se va, dejándote
con los ojos cerrados y los labios en carne viva, la ves marchar con una
sonrisa, miras tu mano y ves que te ha dejado un papel con su teléfono, un hilo
que te llevara directo a su corazón, y juras que la razón no te parara en tu
camino hacia ella, pues el sentir es puro y limpio y el tiempo es muy escaso…
Iván Pérez Raya.

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