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jueves, 1 de diciembre de 2016

El beso.




 
Mantiene su mirada fija en ella, tras las cortinas, sin casi respirar, aguantando el ritmo de su corazón como el jinete que intenta retener a su caballo desbocado.

Estirada en el suelo, encadenada por el pie, con sus alas atadas a la espalda, semanas hace que el soldado la observa, debe vigilarla, un ser divino apresado por las sucias manos de los hombres, un Ángel volador al que ahora se le prohíbe volar, surcar los infinitos confines del cielo.

Recorre con su mirada cada rincón de su cuerpo, esbelta y delgada, de pelos dorados que iluminan  la estancia a pesar de que la luz es tenue, pero quizá ninguna de estas nimiedades son las que tienen al soldado en un ensimismamiento perpetuo desde que la vio por primera vez, es su cara lo que hace que su corazón se acelere, perfecta, perfila  la oscuridad como un cuchillo de luz ,su boca desafia a la palabra dulzura, con labios carnosos y rosados ,pasionales, y los ojos, verdes que a pesar de su belleza ya natural son avivados aun mas por la fuerza que emanan, desafiantes a la vez de cándidos.

Nada desearía mas en el mundo el soldado que esos ojos lo miraran con ternura, nada desearía más que un instante rozando su mano en la fina piel de su cara, y arrancar un suave beso de sus labios, lentamente, despreciando al tiempo, olvidando las diferencias entre sus propias naturalezas, entregando su corazón y su alma, sin mesura, sin ataduras.

El soldado saca su daga y sale de su escondite con paso firme, hacia el Ángel que al verle se pone de pié, asustada, mirando al soldado con mezcla de miedo y sorpresa, este se detiene un segundo para mirar una vez más aquellos ojos, no soporta verla allí encadenada, no soporta que su alma se consuma entre la podredumbre humana, porque su vida vale mucho mas, le ordena darse la vuelta, tiene que decírselo dos veces pues a las palabras les cuesta coger forma cuando el pecho esta oprimido por la impresión de ver a alguien tan bello, con su daga corta las cuerdas que atan las alas del Ángel, y rompe las cadenas que la tienen prisionera, el Ángel sin mediar palabra alza el vuelo, recorriendo la sala con júbilo desmedido, siente el aire entre sus alas y se sabe libre, pero antes de salir de la estancia baja de nuevo ante el soldado, con una sonrisa que acaricia su corazón y aprisiona aun mas su alma, acerca su boca poco a poco a la del soldado que ve la cara de su Ángel tan cerca que no puede más que cerrar sus ojos cegado por tanta belleza, poco a poco siente la carne suave y dulce de sus labios y una leve presión ,que hace que sienta que ve estrellas en sus parpados , no quiere moverse, no quiere hacer nada, solo quiere que todo se detenga, que la tierra deje de girar, que la vida se quede instalada perpetuamente en aquel momento como si de una fotografía se tratara, prisioneros eternos de un beso sincero.

Pero el tiempo no se detuvo, antes de que abriera los ojos el angel había desaparecido, el soldado miro el cielo a través del agujero que había hecho al escapar y se sintió afortunado, sabía que le había besado por gratitud, pero también que el no olvidaría que un día beso a un Ángel.

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